Incorrección política

Comienzo esta aventura un tanto extraña, sólo con dos palabras en la cabeza: libertad y pensamiento. Creo que ambas se corresponden, adquieren sentido juntas y danzan en un baile sin fin. No me imagino una libertad irreflexiva o un pensamiento que merezca dicho título sin que medie cierta libertad. Así pues, me gustaría encuadrar este proyecto en una intensa y vívida necesidad de «pensar libremente», sin andamiajes teóricos, morales o identitarios. Sacar a relucir ideas extrañas o cavilaciones pretenciosas, sin más. Evidentemente, lo que expongo es una quimera, todos escribimos desde un lugar muy concreto y con unas ataduras bien marcadas, todos escribimos para algo (o, quizá, para alguien), pero ahí entra el papel del lector astuto, del provocador indecente que me llevará a las cuerdas y sacará sin piedad todos mis errores y contradicciones (que serán muchos y variados). Ahí los aguardo a ustedes, caballeros. Escribiría para mí si quisiera aplausos inmerecidos, escribo al mundo para encontrar motivos que me lleven a seguir pensando. Quién sea o de dónde venga poco importa, tampoco sé qué busco (de ahí el desorden de este pequeño rincón para la palabra). No tengo excusas, justificaciones ni perdón. Pueden llamarme Ipítaca.

No dejemos que piensen por nosotros. Sapere aude!

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