Incorrección política
<em>Commedia dell’Arte </em>a la madrileña. La enmascarada toma de posesión de Ayuso.

La semana pasada al funcionario de correos de mi zona se le acabó la paciencia tras sufrir mi insistente interrogatorio día sí y día también. No me podía creer que, acercándose la fecha señalada, no hubiese llegado todavía correspondencia desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid. El buen (y paciente) hombre revisaba ante mis ojos un montón nada desdeñable de sobres que llevaba en uno de esos carritos color amarillo canario y negaba con la cabeza. Así pasé toda la semana. 

He de reconocerles que me sentí algo frustrada, esperaba con ansias una invitación más o menos formal a lo que es el acontecimiento de la temporada: la toma de posesión de Isabel Díaz Ayuso. No obstante, leyendo ahora la prensa, me he percatado que no he sido la única que se quedó con las ganas de ser convidada al acto. Al parecer, el Gobierno de Pedro Sánchez justifica su incomparecencia por motivos semejantes a los míos, no les habían cursado una invitación formal. «Mal de muchos, consuelo de tontos», dicen, y es cierto. No obstante, viviendo en el desaforado mundo de la información al minuto, pude enjugarme las lágrimas mientras asistía virtualmente al más bello festival de máscaras que jamás haya tenido la oportunidad de disfrutar y, si les soy sincera, no me arrepentí.

Primera máscara: conservadora.

Como todo baile que se precie, la toma de investidura de la reelegida presidenta tuvo varios cambios de vestuario y, por lo tanto, de máscaras. La que sin duda captó la atención de los medios fue la “conservadora”. Aquélla que apostaba por medidas natalistas que beneficiarán con ayudas directas a las mujeres que lleven empadronadas en la región al menos diez años, no hayan cumplido los treinta y su salario no alcance los 30.000 euros anuales.   

Desde luego, la tendencia a la baja de la natalidad en este país y, más concretamente, en la Comunidad de Madrid es un problema que lleva en el candelero desde hace tiempo. Las consecuencias que se derivan de este decrecimiento son más que evidentes y muy graves, después de todo, la palabra “nación” deriva de “nasci”, “nacer”. Sin nacidos ni hay nación, ni hay país, ni hay Estado de bienestar. Y, por mucho que se predique, la inmigración no basta para solventar el problema. 

Dicho esto, creo que merece la pena analizar esta medida con un poco más de atención, ya que ha sido lo más destacado de la función. Si así se hace, uno se dará cuenta fácilmente que beneficiará a muy pocas mujeres por varios motivos. Uno de ellos, creo que el más importante, es que las razones que aducen las mujeres para no tener descendencia o no traer al mundo más hijos, no se limitan al dinero, aunque éste sea fundamental, también cabe tener en cuenta la conciliación laboral, así como un cambio de valores que hace que muchas parejas sientan que son demasiado jóvenes para formar una familia y, cuando llega el momento, se conforman con un hijo o dos[1].

Otra cuestión que subrayar es si realmente, como ha salido a denunciar los medios posicionados ideológicamente a la izquierda, esta medida supone un agravio comparativo frente a los inmigrantes que se empadronaron en la Comunidad hace menos de diez años. Realmente, esta acusación tiene visos de realidad, pero, si atendemos a la evolución de la población extrajera en la Comunidad de Madrid, comprobaremos que las grandes olas migratorias se produjeron entre 2008 y 2011[2], tiempo suficiente como para cumplir el requisito estipulado. Por lo que el argumento, si bien razonable, pierde peso.

Esta medida, que tanto contenta a sectores próximos a VOX, en una curiosa vuelta de tuerca, también recoge las palabras del discurso que la nada ultraderechista Ana Iris Simón expuso con rigor en la Moncloa en un acto de presentación del Plan 2050 (al que, por mucho que pueda sorprenderles, tampoco me invitaron)[3]. Un debate que dividió a las diferentes corrientes de izquierdas, que suscitó un encendido debate en las redes sociales, recogido en diferentes artículos de opinión, y que terminó fructificando en la acuñación de un nuevo término: «los rojipardos», en referencia a los partidarios de volver a las raíces ilustradas que, a su entender, debieran iluminar las políticas de los partidos que se dicen de izquierdas. Como pueden comprobar, la primera máscara de la protagonista de la velada no desmerece en absoluto, sirve a diestra y siniestra, es bella y elegante. Promotora de la natalidad, aliada de las jóvenes, como corresponde a una auténtica Colombina.

Segunda máscara: liberal.

Como respuesta a esta primera máscara han salido a la palestra, además de los ya mencionados izquierdistas que han encontrado en ella el rastro de una xenofobia censurable, los liberales que entienden que las subvenciones y la distribución de la riqueza no son la solución para fomentar la natalidad sino una manera de contentar al populacho que espera airoso soluciones expeditivas para problemas de calado[4]. Entonces, para no desairar a estas voces ni frustrar a muchos liberales que vieron en Ayuso una respuesta a sus demandas, la ganchuda nariz de Pantalon hace acto de presencia y es anunciada la mayor bajada de impuestos de la historia en la Comunidad de Madrid.

La reducción del IRPF en todos los tramos en medio punto no pasa desapercibida, desde luego. Y contrasta con los últimos anuncios del Gobierno de Pedro Sánchez que, bajo pretexto de salvar al planeta, van directos a los bolsillos de las clases trabajadoras que tienen que hacer malabarismos para coger el coche sin arruinarse y poner la lavadora sin que la subida del coste de la luz haga estragos en su economía familiar. No es de obviar, después de todo, que Madrid es la Comunidad con menor presión fiscal de todo el país, algo que muchas regiones ven con recelo, aunque, algunas de ellas, defiendan sus propias ventajas y privilegios en base a los conocidos como derechos históricos. Ahora bien, como el severo Pantalone, viejo y vetusto comerciante, Ayuso se coloca su capa veneciana y anuncia, asimismo, una rebaja en el número de consejerías y asesores. Defensora de un Estado pequeño y poco intervencionista, decide no dar explicaciones a la Marea Blanca de los profesionales de la sanidad pública que recorren estos días las calles Madrid reclamando una mayor inversión en la atención primaria y en refuerzo de las plantillas del personal sanitario[5]. Tampoco era el momento aquella mañana, al fin y al cabo, estamos de carnaval.

Tercera máscara: posmoderna.

Pese a las críticas incesantes de los partidarios de Mónica García, Ayuso parece tener respuesta para todo. Siempre dispuesta y entregada, vistiéndose de Polichinela sale a escena para que no se oscurezca la alegría carnavalesca bajo los mantras de insolidaridad e indolencia que muchos círculos izquierdistas suelen arrojar sobre un personaje tan poco dado al altruismo como es Pantalone. Para sorpresa de todos, las dotes oratorias de un barrigudo Polichinela anuncian que la prevención del suicidio va a ser una de las prioridades del Gobierno de Ayuso. Y, no sólo eso, sino que, además, piensa invertir más de 24 millones de euros en una planta de generación de hidrógeno verde, otros 33 millones en el Plan Solar para el Canal Isabel II y que se pondrá en marcha la construcción de la electrolinera más grande de España[6]. Polichinela, irreverente, dio en el corazón de los colmados en sentimientos.

¿Quién puede criticar estas medidas? Más aún, ¿cómo hacerlo desde el principal partido de la oposición en la Comunidad de Madrid que lleva como bandera la ecología y el cuidado de la salud mental? Imposible o, cuanto menos, muy difícil. Polichinela se sale con la suya entre danzas y una aguda mordacidad. Todos lo contemplamos animados sin saber por dónde atacará con sus dardos irónicos e ingeniosos. Esta vez, los ha desarmado.

El misterio tras la máscara

Me temo que, como todo baile y festejo, la caída del sol marca el final de la jornada. Ayuso vuelve a casa cansada y satisfecha. Ha sido un día largo, laborioso y cargado de cambios de vestuario. Pablo Casado lleva años intentando hacer del PP la casa de todas las derechas sin saber, quizá, que es ella las que las aúna todas en su persona (o máscara) a costa de un gran gasto en vestuario y abalorios. Debe ser agotador contentar a unos y descontentar a otros una y otra vez. Debe ser fatigoso seguir insistiendo en dar la batalla a Pedro Sánchez desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid, como lo es el comprobar que la ciudadanía la sigue animando a ello. La toma de investidura, un día cargado de emociones, de alegría, de promesas. Pero, aunque una sea la creación obediente del dramaturgo Miguel Ángel Rodríguez, cuando los focos se apagan, se mira al espejo y se pregunta: «bien, pero ¿quién soy yo?». Y precisamente es ésa la pregunta que me suscitó la puesta de largo de la presidenta: «¿quién es usted, señora Ayuso?». 


[1] https://www.ine.es/prensa/ef_2018_d.pdf

[2] https://www.comunidad.madrid/sites/default/files/informe_de_poblacion_extranjera_enero_2021_0.pdf

[3] Si bien del oro que dice que robamos yo no tengo noticia, les recomiendo ver esta brillante exposición en la que pone negro sobre blanco una cuestión esencial: https://www.youtube.com/watch?v=RGzBfjfNnx0.

[4] Si nos atenemos al análisis de Juan Ramón Rallo, reconocido economista liberal, sobre la cuestión advertimos, además, que estas medidas de impacto tienen un efecto dudoso: efectivamente, hay un incremento de la tasa de natalidad en las mujeres que se pueden ver beneficiadas pues deciden adelantar el momento de formar una familia, mas no se aprecia un incremento del número de hijos. De este modo, aunque los primeros años de implantar las ayudas sí pueda observarse un repunte de la natalidad, el problema sigue presente. (Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=5DOqMCNm6oY).

[5] https://mesaendefensasanidadpublica.wordpress.com

[6] https://elpais.com/espana/madrid/2021-06-17/ayuso-promete-mas-arboles-una-planta-de-generacion-de-hidrogeno-y-la-mayor-electrolinera-de-espana-en-el-debate-de-investidura.html

This Post Has One Comment

  1. Los extensos comentarios de la autora de este artículo, reflejan el sentir y el pensar de quién lo escribió. Bendito su derecho a opinar y bendito sea el nuestro a disentir; parece que la autora de marras, llama “enmascarada” a la señora Ayuso, respirando por la herida, (como dicen por ahí), es decir, debido a que no fue invitada al acto de posesesión

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