La pobreza sin acento ni carné. Andalucía nos concierne a todos

Olona-Rodriguez

Ayer hubo debate. Ayer las televisiones recogieron el sonriente y nervioso semblante de los seis candidatos que durante dos horas tendrían que enfrentarse en un ir y venir de reproches, medias verdades y golpes de pecho. Tres mujeres y tres hombres se batirían en la arena por el voto de los andaluces que el 19 de este mes han sido llamados a las urnas. ¿Los andaluces? Permítanme que lo dude, quien vota el día 19, y sobre este pormenor girará este artículo, es toda España, no todos emitiremos una papeleta, pero cuando se la juega un territorio, cuando se la juega una población de este prematuramente envejecido país, nos la jugamos todos. Es un juego arriesgado, poco dado a la gratitud en los tiempos que corren, pero es el juego al que hemos de jugar más que nos pese.

Ayer hubo debate y todos atendimos con más o menos cautela el rimbombante sonar de las campanas que agitan el miedo, el odio, la esperanza y el afecto. Sonaron estrepitosas, pero dolían. En el debate de ayer tal repiqueteo era sangriento, era perturbador y alejaba de sí a un pueblo que antes festejaba y batallaba a un mismo son.

Un debate a dos

He de corregir el modo en el que he dado comienzo este breve artículo, realmente el debate al que asistimos expectantes la noche del seis de junio no fue exactamente la confrontación entre seis candidaturas. Así lo leerán en los periódicos, así se anunció en las redes y las televisiones, la radio no dijo otra cosa. Sin embargo, el verdadero debate lo protagonizaron dos de los invitados, de hecho, fueron dos invitadas: Macarena Olona y Teresa Rodríguez.

Efectivamente, estas dos mujeres aguerridas y temerarias, correosas y batalladoras se pusieron cara a cara para decirse las mentiras del barquero o las verdades del capitán, una ya no sabe a qué acogerse entre tanto ir y venir de frases empaquetadas y listas para consumir. He de reconocer que, a mi parecer, Teresa Rodríguez tuvo el valor de confrontar lo que otros llevan viendo de soslayo y con cierto recelo. Tuvo el coraje de dirigirse a Olona sin titubeos ni medias tintas. La “derecha cobarde” dijo en referencia a VOX. Un partido enfrentado “a los más débiles”, cobijo de bancos, del oligopolio de las eléctricas y de las grandes empresas.

Y parece no faltarle razón a la líder de Adelante Andalucía si atendemos a la letra pequeña de algunas de las medidas de VOX: bajada de impuestos a las rebosantes herencias de más de un millón de euros o que posean una fortuna superior a los 700.000 euros sin contar la vivienda habitual o su empresa familiar[1], bajada del tramo autonómico del IRPF pactado precisamente en Andalucía con Moreno Bonilla en la pasada legislatura[2], reducción de impuestos a los beneficios empresariales de las grandes empresas e industrias[3][4].

Desde las coordenadas de Teresa Rodríguez, efectivamente VOX tiene muy claro cuál es su lugar y qué intereses ha de defender, aunque sus mítines traten de cambiar el verde por el rojo y sus discursos bajar de la altura de las élites a la llanura de los aldeanos, su programa debiera ser un nudo en la garganta para aquel que busque coherencia en la política.

Macarena Olona, no lo neguemos, estuvo impecable en su papel impostado cargado de emotividad. A la hora de expresarse, de conducirse por los argumentos y adornarlos con motas histriónicas no le gana nadie y realmente consigue embelesar a cualquiera que atienda a su fría y angulosa presencia. Reconozco que escucharla en el Parlamento es una conjunción de sentimientos encontrados. Sus mentiras hieren, pero son sus verdades lo que me preocupa. Son las verdades de VOX las que nos desangran. Verdades que hacen asentir a cada vez más personas o hacen disentir a cada vez menos.

En este punto, Teresa Rodríguez supo tomarle el pulso, no tanto con la acusación a su partido de “brazo político del terrorismo machista”, en mi opinión, sino en esa otra cruda verdad en la que sitúa a VOX junto a las élites económicas por más que traten de mezclarse entre el folclore pueblerino. Esa otra verdad que sitúa al partido de Olona en un lugar muy diferente al que dicen representar.

Poco habla Abascal de revertir recortes, menos aún de subir el salario mínimo interprofesional de aquellos españoles por los que dicen sufrir. Ocupan sin más remilgos un lugar privilegiado junto a los que someten al Estado de Bienestar a una dieta detox que deja a muchos en la estacada, un mercado libre (como si algo así fuese si quiera posible) y una sociedad ajena a las regulaciones (liberalización del suelo, del taxi, de la educación…). Hablan de “más sociedad y menos Estado” como si el Estado no fuese la plataforma de la nación, la conditio sine qua non de la sociedad. Hablan de “más sociedad y menos Estado” como si la sociedad fuera una asociación flotante de átomos aislados.

Teresa Rodríguez no dijo nada de esto, no era el lugar el plató de televisión de RTVE, no era el momento un debate para las elecciones andaluzas, pero marcó el camino. Señaló las incongruencias de los que se hacen fuertes a costa de embaucar a los débiles. De los que son débiles al creerse fuertes. La excepcionalidad de VOX respecto a otras formaciones de derecha radical más allá de nuestras fronteras pasa por ese alma bifurcada que lo atraviesa, ese impulso que lo lleva a rezar a Tatcher y a Primo de Rivera. No se puede beber y sorber a la vez.

Una ingrata confusión

Teresa Rodríguez parece que ha tenido la osadía de hacérselo saber a la mujer de la gélida sonrisa. Sin embargo, del mismo modo que a Machado cierta España le helaba el corazón, el mío, si es que alguno me queda, ha vuelto a encogerse al ver en los fulgores verdes de Adelante Andalucía los resortes del nativismo característico de VOX.

El proyecto de Teresa Rodríguez tiene las patas tan cortas como el terruño que intenta delimitar. Las ensoñaciones de su partido han decidido quedarse al cobijo de la Alhambra y del aroma de los naranjos.  Su rival, anuncia, son “las fuerzas centralistas”. No logro comprender qué quiere decir cuando abiertamente afirma que el nacionalismo que ella defiende integra “valores políticos progresistas”[5]. Si bien la palabra progre, así como progresista, es un cajón de sastre que parece no tener fondo, no entiendo qué valor progresista se atisba en un descuartizamiento del territorio nacional.

Si realmente Teresa Rodríguez y su proyecto están del lado de los débiles no entiendo qué separa a un débil andaluz y otro aragonés, el vasco del asturiano. Si algo ha sido la izquierda es universalista, si algo es la izquierda es anti-identitaria; libertad, igualdad, fraternidad e indivisibilidad de la patria escrito en las paredes en los tiempos de la Comuna de París.

No entiendo que diciéndose de izquierdas caigan en un nativismo que acorta distancias con los de Abascal. No entiendo cómo es posible que una formación que dice estar al lado de los débiles, que se alza por una Andalucía donde abunda el paro y la precariedad, sepa distinguir entre una miseria con acento andaluz y otra plagada de galleguismos. No entiendo y por más que me lo explican sigo sin entender. Del mismo modo que nunca comprendí la E en las siglas de ERC.

Ya lo decía ese curioso andaluz llamado Machado:

En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud.

Y yo aún sin entender siento gratitud por mi patria, siento gratitud por aquel riojano que contribuye a las arcas y permite que un barcelonés pueda cumplir con su tratamiento oncológico. Siento gratitud cuando un diputado extremeño vota a favor de una ley qué hará que una mujer maltratada en Salamanca tenga asistencia y sea bien atendida. Siento gratitud cargada de acentos y folclores, siento gratitud cargada de diversidad colorida y desordenada, siento gratitud por la singularidad de cada territorio, cada barrio, cada casa, pero, sobre todo, siento gratitud por la universalidad que nos hace iguales en derechos, libertades y deberes. Una igualdad justa, sin nombres ni apellidos.

Los debates de los agravios, los debates de los privilegios históricos, los debates de los inventados derechos de autodeterminación son ingratos, duelen y perturban. Ciertamente, bien podría decirse que VOX ha demostrado no estar del lado de los débiles como muy bien apunta y señala Teresa Rodríguez. Sin embargo, apesadumbrada, debo añadir que, si la unión hace la fuerza, la división ad infinitum de los que abanderan cierto nacionalismo patrio no parece hacer ningún favor a la mancha iracunda a los que sólo les quedan sus cadenas.

Hombres de España, ni el pasado ha muerto,

Ni está el mañana -ni el ayer- escrito.

Antonio Machado

[1] https://www.eldiario.es/politica/vox-propuestas_1_1758499.html

[2] https://www.voxespana.es/noticias/vox-consigue-del-gobierno-de-andalucia-una-inminente-bajada-de-impuestos-20210426

[3] https://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-vox-pide-congreso-beneficios-fiscales-atraer-rodajes-espana-20210604131553.html

[4] Sobre la cuestión impositiva ya hablé en otro artículo, por si les interesa, (https://incorreccionpoliticacritica.com/2021/02/12/el-precio-de-la-levedad-sale-a-cuenta-pagar-impuestos/), no es este el espacio para debatir sobre el lugar propicio para invertir el dinero de los españoles, un tema apasionante, sin duda.

[5] eldiario.es/andalucia/teresa-rodriguez-partido-ambito-nacional-no-defender-intereses-andalucia_128_9050028.html

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