Incorrección política
¿La muerte o el asesinato del autor?  El TERroríFico caso de J.K. Rowling.

Morir en cada verso

Hace más de medio siglo, Maurice Blanchot alumbró al mundo (o lo oscureció, según se mire) con su obra El espacio literario. El escritor francés reflexionaba acerca de ese estatuto singular del autor desconocido cuya obra se le escapa entre las manos porque no es suya, lo trasciende y supera, quedando él reducido a una mera anécdota, una nota a pie de página, espoleado sin piedad. El autor nada tiene que hacer frente al acto de escribir más que desaparecer, más que asumir que ser un mero instrumento ya es el más horrible de los privilegios, el mejor de los remedios o el menos malo para que las palabras se sucedan, para que el milagro de la escritura se celebre, para que surja el acontecimiento.

 Ni verdad ni mentira se esconden en las palabras de Blanchot, ni verdad ni mentira en las de Derrida cuando se expresó en esos mismos términos. Ni verdad ni mentira. Se acusó a estos filósofos de ser unos cuentacuentos cuyos fulgurantes anhelos escapaban a todo resquicio de realidad. Se les señaló de nietzscheanos relativistas. Un autor y una obra, el resto es romanticismo. Sin embargo, insisto, ni verdad ni mentira.

Todo escritor sabe que cada palabra es un puñal que quisiera no escribir, pero necesita escupir. Todo autor se siente identificado en esa angustia sin nombre de la que hablaba el hombre sin rostro ni historia. ¿Hasta qué punto separar la obra del autor? Ésa es otra cuestión, de lo que no hay duda es que el acto de la escritura es un acto magnífico, extraordinario, que requiere la anulación del sujeto que se deja engullir por los cantos de sirena, eso es un hecho.

El dragón despertará

Dejando a un lado ese tipo de cuestiones para los valerosos letraheridos que no tienen más remedio, muy a su pesar, que entregarse al mundo de las palabras, nuestros tiempos son bastante más pobres en filosofía y ricos en estulticia. Para los amantes de la saga de Harry Potter les felicito, están ustedes de celebración tras 20 años del estreno de Harry Potter y la piedra filosofal. Para los fans de este joven mago que encandiló a varias generaciones y les hizo esperar que un día cualquiera su casa se inundara de cartas invitándolos a cursar sus estudios en la escuela de Hogwarts de magia y hechicería, HBO Max decidió emitir la que han bautizado como la Harry Potter Reunion, un homenaje a estas dos décadas de magia.

 No obstante, este homenaje es del todo agridulce pues no todos se vieron concernidos, no todos fueron bien recibidos y, podríamos decir, que no todos fueron invitados. Precisamente la persona que puso su vida en juego para extraer de sí todo ese mundo mágico y glorioso de castillos, varitas mágicas y escobas voladoras fue repudiada tanto por los seguidores de la saga, como por actores y participantes del elenco. Rechazada cual sangre sucia, criticada y acosada. Si la intelectualidad francesa habló de la muerte del autor, nuestra época está viendo el asesinato del mismo. Un asesinato cruel a la luz del día y publicitado en las redes sociales.

¿Cuál es el crimen de J.K. Rowling? pueden preguntarse. Yo también lo hago, no encuentro más crimen que opinar y, más aún, hacerlo en voz alta. Efectivamente, hoy pensar por uno mismo sobre ciertas cuestiones parece ser un crimen imperdonable por el que muchos no dudan en sentenciar de muerte a quién lo hace. La escritora tuvo el coraje (menuda sociedad donde hace falta coraje para decir lo que se piensa), de discrepar del término personas menstruantes para referirse a las mujeres. Más adelante, habló de la necesidad de seguir manteniendo la diferencia entre hombre y mujer en términos biológicos distinguiendo el sexo del género. Transfobia. Eso es lo que se dijo en las redes sociales, en los medios de comunicación, los mismos actores que habían encarnado a sus personajes, los mismos que se abalanzaban disfrazados a las librerías por cada nueva publicación. Tachada de «feminista radical transexcluyente», o TERF, y sentenciada al olvido más infame.

De esta manera, ha sido asediada por los nuevos dementores, los vigilantes de lo políticamente correcto que recorren nuestras calles, escuchan nuestras conversaciones y, cuando detectan una posible discrepancia, por mínima que sea, por cabal que pudiera resultar, saltan las alarmas. Estos entes fantasmagóricos sin nombre ni apellido se acercan a quien ha proferido tales cuestionamientos al nuevo orden mundial de lo políticamente correcto y sin dudarlo aspiran el alma de aquel que se ha atrevido a pensar diferente o a veces simplemente a pensar.

 Es una lástima saber que J.K. Rowling no ha sido la primera ni será la última, ya lo hicieron con otros mucho antes, recordamos los versos más tristes de Neruda, no sabemos cuándo se jodió el Perú ni por qué el saxo de Woody Allen suena cada vez más lacónico y envejecido. Hace ya tiempo que muchos han encontrado razones para preferir el silencio a verse engullidos en este desaliento de los dementores de lo conveniente. Ya son años en los que la razón espera dormitante hasta que un nuevo júbilo vuelva a hacerla aflorar. Cubierta por un manto de emociones desordenadas, acusadoras e inquisitoriales, espera tiempos mejores, aguarda a que los dementores pasen de largo a que el expectro patronum la proteja y le permita dar vida aquellos que esperan razones.

No es sencillo, los ataques virulentos que recibe esta vieja y cansada razón han llegado a cotas insospechadas, no es sencillo desandar lo andado, o quizá ni siquiera conveniente. Pero sigan, sigan dementores de los políticamente correcto, no se cansen succionadores de vida, busquen almas de gentes aguerridas que aún corren prestos a dar su último aliento en nombre de la razón. Tengan el valor de ir a encontrarlos, tengan el coraje de arrebatarles lo poco que les queda. Señores dementores, estoy convencida de que sus días están contados, cada vez son más aberrantes sus comportamientos, cada vez más visibles y menos efectivos y cada vez son más las mentes despiertas. La razón se volverá a poner en marcha, de eso pueden estar seguros y entonces recordarán aquella sentencia y maldecirán sus ropajes mortuorios:

«Draco dormiens nunquam titillandus»

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